martes, 7 de marzo de 2017

LOS SACRAMENTOS CATÓLICOS ROMANOS

Según la iglesia católica romana los sacramentos son: “Signos visibles de la gracia invisible que Cristo constituyó para santificar a los hombres. Los sacramentos son siete: bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio.”

Respuesta a la luz de las Sagradas Escrituras:

La palabra “sacramento”, no aparece ni tan sola una vez en las Escrituras y, mucho menos, que Cristo constituyese signos visibles de la gracia invisible para santificar a los hombres; y tampoco que fuesen siete. Por lo tanto, podemos afirmar con toda certeza que, dichas enseñanzas, son totalmente falsas. Jesucristo nunca nos enseñó que debiéramos usar signos o símbolos visibles (materializados) para visibilizar lo espiritual. Dios es el que santifica a su Iglesia y esto por medio de su Palabra, visibilizándose como Jesús nos dijo: “por sus frutos los conoceréis” y esto no son signos ni símbolos, sino una vida consagrada a Él, implicada en guardar sus mandamientos, los tales no son gravosos.

Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad. Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad. Juan 17: 17 y 19

La santificación es el resultado de oír a Dios primeramente, creerle e ir adquiriendo fe en Él y todo esto a través de su Palabra.

Así que la fe viene del oír, y el oír, mediante la Palabra  de Cristo. Romanos 10:17

Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentre perfecto y preparado para toda buena obra.  2ª Timoteo 3:16 y 17

Según la iglesia católica romana: el bautismo es el primero de los sacramentos, llamado también “puerta de la Iglesia”. Es un sacramento instituido por Cristo que tiene la virtud de purificar el alma del pecado original y regenerarla mediante el agua y el Espíritu Santo. Antes de ascender a los cielos el Señor envió a los apóstoles a predicar y bautizar a todas las gentes (Mat.18:19).

Respuesta a la luz de las Sagradas Escrituras:

La única puerta que tiene la Iglesia verdadera (sus ovejas), es Cristo.

Jesús dijo: “En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas” (Iglesia).    Juan 10:7

Decir que el bautismo en agua tiene la virtud de purificar y regenerar el alma del pecado original o que quita el pecado original es una auténtica herejía, sólo Jesús nos purifica de TODO pecado.

Pero si caminamos en la luz, como Él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros y la sangre de su hijo Jesús nos purifica de todo pecado.  1ª Juan 1:7

En el evangelio de Mateo, capítulo 18, versículos 19 y 20; Jesús se refiere, claramente, a bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, pero para nada menciona  que fuera en agua, sino en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y esto implica el enseñar todas las cosas que Él nos ha mandado. La palabra “bautismo”, significa inmersión, sin implicación de materia alguna. Por ejemplo, hoy en día se utilizan muchos términos como, “estoy bautizado en el fútbol o en el trabajo”, dando a entender que se está inmerso, esto es, plenamente dedicado a ello, donde el agua no tiene ninguna implicación, de ahí que es necesario explicar o decir en qué somos bautizados, que es en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Claramente, esto es en la divinidad. En Dios somos inmersos. Esto es espiritual. Jesucristo no bautizó en agua, ni tampoco mando hacerlo. Jesús bautizó y bautiza en Espíritu Santo. Juan el bautista dijo:

Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar en agua, me dijo: Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu Santo y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo.    Juan.1:33

Según la iglesia católica la confirmación es para los nacidos de nuevo como hijos de Dios. En ella los fieles deben afirmar ante los hombres la fe que han recibido de Dios a través de la Iglesia

Respuesta a la luz las Sagradas Escrituras:

En ningún lugar de las Escrituras, encontraremos que los nacidos de nuevo, hijos de Dios o fieles a Cristo, deben afirmar ante los hombres la fe, y esto en un día concreto y bajo un ritual religioso, como lo realiza la iglesia católica. Nuestro Maestro nos enseña que no debemos hacer las cosas ante los hombres, para ser vistos por ellos como los hipócritas.

Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre. Mateo 6:1

La fe viene por el oír la Palabra de Dios y no a través de la Iglesia.

Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación por la Palabra de Cristo.    Rom. 10:17

Según la iglesia católica la eucaristía es el sacramento, en el que Jesucristo, presente bajo las especies de pan y vino, es ofrecido y recibido. Ellos enseñan que en este sacramento están, verdadera y substancialmente presentes el cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Cristo entero está presente bajo la especie de pan y bajo cada partícula de esta especie, y asimismo bajo la especie de vino y sus partes separadas.

Respuesta a la luz de las Sagradas Escrituras:

Cuando Jesús comió la pascua con sus discípulos dicen las Escrituras que:

Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío”. De igual modo, después de cenar tomó la copa, diciendo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros”.  Lucas 22:19 y 20

La Palabra de Dios no denomina este acontecimiento como  Eucaristía, ni tampoco la Santa Cena. Simple y llanamente, Jesucristo celebró por última vez con sus discípulos la pascua judía. Ahora bien, “Jesús tomando el pan” lo usa como ejemplo de ese cuerpo que por nosotros iba a ser entregado y “tomando el vino” lo usa como ejemplo de su sangre que sería derramada por nosotros, representando la nueva Alianza o Pacto. Sólo en este evangelio de Lucas, aparece el “haced esto en memoria de mí”, que se refería a su cuerpo que era entregado por nosotros. Jesucristo en ningún momento nos estaba diciendo que hiciésemos de este acontecimiento, todo un ritual para practicarlo una vez al día, o una vez a la semana, o que lo tomásemos por costumbre, sino que se estaba refiriendo a su cuerpo entregado por nosotros, para que nosotros hagamos lo mismo y esto en memoria suya. Con el vino no hace lo mismo, diciéndonos que lo hagamos en memoria suya, puesto que el vino representaba en ese momento, la sangre de Cristo del  Nuevo Pacto que sólo Él podía derramar por nosotros, para nuestra salvación y vigencia de ese Nuevo Pacto. Cuando nuestro Maestro nos da una enseñanza, y para ello utiliza alguna materia, como en este caso el pan y el vino, no es para que nosotros hagamos de ello un ritual o símbolos ceremoniales, sino para que, a través del ejemplo, entendamos la enseñanza. Jesús no se estaba refiriendo literalmente al comer de su carne y al beber de su sangre, sino que con este ejemplo, Jesucristo se estaba refiriendo a la necesidad eminente que tiene el ser humano, de vivir en Él comiéndole y bebiéndole, esto es, alimentándonos viviendo y creyendo en ese sacrificio de Su Cuerpo y de Su Sangre que nos lleva a la vida eterna.

Según la iglesia católica la penitencia es el sacramento  mediante el cual la absolución del sacerdote remite los pecados cometidos después del bautismo.

Respuesta a la luz de las Sagradas Escrituras:

La Palabra de Dios nos enseña, que sólo Jesús nos puede limpiar y perdonar nuestros pecados. Es solo a Él, al que debemos confesar nuestros pecados para que nos limpie y recibamos su perdón.

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.  1ª Juan 1:9

No habiendo otro mediador y abogado entre Dios y los hombres.

Porque hay un sólo Dios, y un sólo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.  1ª Timoteo 2:5

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 1ª Juan 2:1       

El sacerdote católico que a su vez es tan pecador como el penitente, no tiene potestad de parte de Dios, de imponer a ningún otro ser humano ningún tipo de sanción o requerimiento de oraciones, o buenas obras, y, mucho menos, en relación a la gravedad de los pecados.

Según la iglesia católica la extremaunción es el sacramento de la Nueva Ley, instituido por el mismo Cristo, para conferir al cristiano enfermo en peligro de muerte la salud del alma y a veces la del cuerpo, en virtud de la unción con óleo bendecido y de la oración del sacerdote.

Respuesta a la luz de las Escrituras:

Decir que este sacramento es de la Nueva Ley, instituido por el mismo Cristo, es tan falso como todo lo que le acompaña a tal doctrina de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Ningún sacerdote, obispo, cardenal o ni el mismísimo papa, puede demostrar que esto sea cierto. En ningún lugar de las Sagradas Escrituras, aparece nada de esto. La salud de nuestra alma, cuerpo y espíritu, esto es, de todo nuestro ser, depende de, si vivimos verdaderamente en Él, y entonces estaremos perfectamente sanos y dispuestos para partir con el Señor en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Lo que para los verdaderos, debe suponer un momento de alegría y no de tristeza. Esta sanidad de todo nuestro ser, sólo es posible por medio de la obediencia a la Palabra de Dios.

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.     1ª Tes. 5:23

Según la iglesia católica el sacramento de la orden sacerdotal es instituido por el mismo Cristo, por el que se confiere a varones bautizados la potestad espiritual y la gracia necesaria para el recto desempeño de los ministerios eclesiásticos o sagrados.

Respuesta a la luz de las Escrituras:

Decir que es instituido por el mismo Cristo, es totalmente falso y por lo que tendrán que dar cuenta a Dios, todos aquellos que enseñan estas falsas doctrinas y levantan estos falsos testimonios contra Cristo.

Las Sagradas Escrituras nos dice:

Mas vosotros (hombres y mujeres nacidos de nuevo y no solo a varones) sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, (esto es, su Iglesia o Cuerpo) para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.   1ª Pedro 2:9

El último sacramento según los católicos es el matrimonio, el cual dicen ellos que Cristo lo elevó a la dignidad de sacramento el mismo contrato matrimonial entre bautizados, de forma que el matrimonio confiere a los contrayentes el aumento de la gracia santificante y las gracias especiales que le sostengan en el cumplimiento de los deberes de su estado.

Respuesta a la luz de las Sagradas Escrituras:

El matrimonio verdadero según la Santa Palabra, o Dios, es la unión entre un hombre y una mujer. Dos personas que deciden por amor entre ellas y fe en Dios, dejar a sus respectivos padres, para vivir juntos el resto de sus vidas aquí en la tierra.

Jesús dijo en Mateo capítulo diecinueve versículos tres al seis:

¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó (matrimonio), no lo separe el hombre.

El fin primario de esta unión es el de no estar solos, y además el fruto y don de Dios a dicha unión, es la procreación.

Dios nos dice claramente en Génesis capítulo dos versículo dieciocho y capítulo uno versículo veintiocho, lo siguiente: 

No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla…  Génesis 2:18 y 1:28

De nuevo hemos de decir que la palabra o definición de sacramento matrimonial, no existe en las Sagradas Escrituras, y mucho menos que Cristo lo elevase a la dignidad de sacramento, levantando así una vez más un falso testimonio.

Cierto es que Dios es el autor del verdadero matrimonio, pero no de un sacramento matrimonial basado en signos, rituales y  otras  muchas mentiras.


Después de haber contrastado los siete sacramentos de la Iglesia Católica Apostólica Romana, con lo que dice las Sagradas Escrituras, no queda la menor duda que son falsos, doctrinas y mandamientos de hombres por los que tendrán que dar cuenta ante Dios en el juicio final.

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