lunes, 6 de febrero de 2017

LA VERDAD SOBRE EL DIEZMO

No podemos hablar del diezmo, sin tener en cuenta el Antiguo Pacto y concretamente la Ley de Moisés. De ahí, que estamos obligados a aclarar algunos puntos  y  diferencias  entre  el  Antiguo  Pacto o  Testamento,  y el Nuevo, para saber que:

El Diezmo fue un mandamiento que ordenó Jehová (o Yahvé, según traducción) a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí, para la dedicación y consagración a Jehová (Levítico 27: 30 – 34).

A los levitas (hijos o descendientes directos de Leví), le fueron dados, por ley, todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio o servicio del tabernáculo de reunión. Mas no podían poseer otra heredad entre los hijos de Israel. Y a su vez, los levitas tenían que ofrendar a Jehová el Diezmo de los diezmos recibidos. (Números 18: 21 – 32).

Del Diezmo, Jehová mandó que se cubriesen las necesidades de los extranjeros, huérfanos y viudas que había entre ellos (Deut 14: 27 – 29 y 26: 12 – 13) y ( 2ª Cró 31: 2 – 21).

Si investigamos las Escrituras, veremos que el mandamiento del Diezmo fue dado en el Antiguo Testamento bajo la Ley de Moisés, para ofrenda a Jehová y para cubrir las necesidades de los sacerdotes, que tenían que ofrecer diariamente sacrificios por sus pecados y por los del pueblo, y además, con el Diezmo se amparaba a los necesitados de entre ellos (Hebreos 7; Levítico 27; Número 18; Deuteronomio 12, 14, 26; 2ª Crónicas 31; Nehemías 10, 12, 13).

La Palabra enseña que todo lo que la ley dice, lo dice A LOS QUE ESTÁN BAJO LA LEY, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; Ya que, por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de Dios; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado (Rom 3: 19, 20).

Resaltar o recalcar que el Diezmo sólo se da en el Antiguo Testamento (La Ley), y que en el Nuevo Testamento no aparece ni tan solo una práctica de él, a pesar de que el apóstol Pablo, entre otros, fue usado por Dios en gran manera, para predicar el evangelio que le había sido dado por revelación (en su caso), y para enseñar a las iglesias (o congregaciones) todo cuanto Jesucristo le había mandado. Ninguno de los apóstoles, siervos o discípulos de Jesús (judíos o gentiles) guardaban o enseñaban el mandamiento del Diezmo, porque entendieron que una vez venido Lo Perfecto (La Gracia), tal mandamiento bajo la Ley dejaba de ser (Hebreos 8: 13).

Para aquellos “maestros” que enseñan que el Diezmo es un mandamiento de Dios no abolido, tenemos que decirles (como también Jesucristo les dijo a los fariseos, escribas, etc…) que yerran porque ignoran las Escrituras y el poder de Dios. Estos avalan el Diezmo, usando el único texto existente en los evangelios que menciona la palabra Diezmo, y que está en Mateo 23: 23 o Lucas 11: 42, y no entienden que Jesús se estaba dirigiendo a los que estaban bajo la ley, esto es, a los escribas y fariseos, llamándoles hipócritas porque estaban diezmando las cosas más insignificantes (la menta, el eneldo y el comino) y dejaban de hacer lo más importante de la Ley (La justicia, la misericordia y la fe), y añade que: esto era necesario hacer (el diezmar la menta, el eneldo y el comino) sin dejar de hacer aquello (evidentemente lo que habían dejado de hacer: la justicia, la misericordia y la fe). Si hacemos un pequeño análisis gramatical del texto, podemos apreciar que al principio como se está dirigiendo a los escribas y fariseos, lo hace en Presente y después usa el Pretérito “ERA”, que indica que tal suceso (el diezmar) dejaba de ser “esto era necesario hacer”. No obstante, aún sin éste análisis gramatical, sino por la suma de la Palabra de Dios, los que quieran hacer la voluntad de Dios, conocerán si ésta doctrina es de Dios o “si yo hablo por mi propia cuenta”, dice Jesucristo (Juan 7: 17).

Pues la Santa Palabra de Jesucristo nuestro Señor nos dice: 

Que ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él (Romanos 3: 21- 22).

Porque el fin de la Ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (Rom. 10: 4).

Porque la ley y los profetas eran hasta Juan” (Lucas 16: 16).

“Pues ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6: 14).

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, (ley o esclavitud”) (Gálatas 3: 24, 25).

Ahora Dios nos habla a través de su Hijo (Hebreos 1: 1,2), y nos enseña lo que: Pablo a los corintios dijo en su segunda epístola.  

Cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad (por ley),  porque Dios ama al dador alegre (2ª Corintios 9: 7).

“Que se reparta a cada uno según su necesidad” (Hechos 2: 44, 45 y  4: 32 – 37).

En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias, cada uno de vosotros ponga aparte algo según haya prosperado (1ª Corintios  16: 1, 2).

Como podemos comprobar por el Nuevo Pacto, es bien cierto que NO existe un contexto para decir que el Diezmo es un mandamiento de Dios, pero sí que tenemos un amplísimo contexto para decir que el Diezmo, (como otras muchas cosas que estaban bajo la Ley de Moisés, o Antiguo Pacto), han sido abolidas por la ley de Cristo, esto es, La Gracia. Pues las Santas Escrituras nos enseñan que:

Dios nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto; no de la letra (ley), sino del Espíritu, porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria (La Ley de Moisés), tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio de justificación? Porque aún lo que fue glorioso (Ley de Moisés o Antiguo Pacto), no es glorioso en este respecto en comparación con la gloria más eminente (la de Cristo). Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece. Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido (La Ley Mosaica o Antiguo Pacto) porque hasta el día de hoy, cuando leen el Antiguo Pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aún hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará (2ª Corintios 3: 6 – 16).

Algunas reflexiones sobre el Diezmo:

Marcos 10: 17 – 22 ¿Por qué Jesús le dijo a este hombre, que guardaba la ley, que debía vender TODO lo que tenía y darlo a los pobres? Si el mandamiento fuese el Diezmo, no tendría que venderlo todo y darlo a los pobres, sino la décima parte, y así cumplía perfectamente con la Ley.

Hechos 5: 1 – 6 ¿Por qué Ananías sustrajo del precio de la heredad una parte? Si el Maestro hubiera enseñado que el Diezmo había que seguir cumpliéndose, Ananías lo hubiera tenido muy fácil, él solo tendría que haber dado una parte (el Diezmo), y el resto podía habérselo quedado (que es lo que la Ley mandaba). ¿Por qué Pedro le dijo a Ananías que podía haberse quedado con la heredad, y vendida con el dinero? Si el mandamiento fuese el diezmar, Pedro no podría haberle dicho tal cosa, pues su obligación hubiera sido el Diezmo, pudiendo haberse quedado con el resto.

La Ley del Diezmo no era lo perfecto (Hebreos 7: 19).

Si una persona gana Q5.000 al mes y da la décima parte, aún le quedan Q 4.500 para su sustento. Pero si otra persona gana Q 800 al mes, teniéndolo bastante ajustado para llegar a final de mes y además está obligado a dar la décima parte, tan solo le quedarían Q 720  ¿Dónde está la justicia? Mientras uno aún tiene después de haber diezmado para vivir holgadamente, el otro que de por sí lo tenía difícil, después de diezmar lo tiene aún peor.

El Diezmo no se mandó en el Antiguo Pacto para dar un salario a los sacerdotes, pastores, etc… Ni para pagar (como hacen hoy día) el teléfono, la electricidad, el suministro de agua o gas, el vehículo, la casa, etc… de dichos “ministros”.

Nuestro Señor Jesucristo, trajo lo perfecto. Por eso no mandó diezmar. Las ofrendas han de ser de corazón para cubrir las necesidades de los santos poniendo aparte cada uno algo, según haya prosperado. Él nos dio ejemplo de igualdad y derechos (Mateo 10 24, 25, y Mateo 20: 1 – 16).

Pablo dijo: La abundancia de unos, supla la escasez de otros, para que haya igualdad. El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos (2ª Corintios 8: 14, 15).

Dios quiere que Usted esté dispuesto a oír y a escudriñar su Palabra, pues ellas son las que dan testimonio de Jesús, y no se deje engañar por filosofías, costumbres, religiones, sectas o denominaciones, que lo que hacen es confundir, teniendo como mandamiento doctrinas de hombres, o viviendo todavía en parte o totalmente, bajo el Antiguo Pacto. No busquemos a Dios en religiones, o en templos hechos por manos de hombre, donde Él no habita (Hechos 7: 47 – 51), sino que le busquemos y adoremos en Espíritu y en Verdad (Juan 4: 20 – 24).

¡MUY IMPORTANTE!

Para poder entender todo esto mucho mejor y no quedar duda alguna, es muy importante que analicemos bien lo que ocurrió en Hechos de los Apóstoles capítulo 15. Aquí surgió por primera vez este gran problema  entre la circuncisión, ley de Moisés  y la Gracia o ley de Cristo. Esta cuestión, tan importante y trascendental, se solucionó en aquel entonces; como seguidamente vamos a poder comprobar en Hechos 15 donde se nos dice que:

Entonces  algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos lo siguiente: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Por esta cuestión Pablo y Bernabé tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos, Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés. Y después de mucha discusión,  Pedro se levantó y dijo entre otras cosas,  que Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos (los judíos) y los gentiles, purificando por la fe sus corazones y añade: Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvo, de igual modo que ellos.  Después de hablar Pedro, también lo hicieron Bernabé, Pablo y Jacobo (ver vers.12-23). Y acordaron lo siguiente:  no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.

 Quedó pues clara y solucionada esta cuestión, llegando al acuerdo de que a los gentiles que  creían, no se les mandasen la circuncisión, ni  el guardar la ley de Moisés. Cosas que además en Cristo han envejecido o desaparecido (Hebreos 8:13).

Es necesario escudriñar las Escrituras y entender que la circuncisión como la ley de Moisés les fue dado al pueblo de Israel y nada tuvo que ver con esto los gentiles. Y como hemos visto, cuando surgió el intento de parte de algunos que aún no habían entendido el mensaje de Cristo, de querer imponerles a los gentiles que creían la circuncisión y que guardasen la ley de Moisés, fue rechazado por el Espíritu Santo, la iglesia con los apóstoles y los ancianos.  ¿Quién, cuándo y a quienes se les ordenó en el Nuevo Pacto imponerles a los gentiles tales cosas? Estos que aún lo hacen no se han enterado, o por interés no se han querido enterar, que con la venida de Cristo aún a los que les fueron dadas la circuncisión y la ley de Moisés, esto es, a los Israelitas, Cristo los ha liberado de ellas. Las Escrituras dice claramente:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la Paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo (LA IGLESIA),  matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efes.2. 11-18).


NO SE PUEDE DECIR MÁS CLARO. La iglesia de Cristo tiene el deber de enseñar esto y decir a las religiones, sectas y denominaciones que dejen de engañar y dividir. Que dejen de cobrar el diezmo y todo lo demás que se incluye en la ley de Moisés. Quienes quieran encontrar en las Sagradas Escrituras que hay que diezmar y si no diezmas pecas, deberá retroceder en la historia, irse al Primer Pacto, Antiguo Pacto, Ley de Moisés o Antiguo Testamento, esto es, a lo pasado y que correspondió solo y exclusivamente al pueblo de Israel y a los que con ellos habitaban (forasteros). No nos cansamos de repetir que con la venida de nuestro Señor Jesucristo, todos los profetas y la ley fueron hasta Juan (Mat.11: 13).

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