martes, 28 de febrero de 2017

LA SANTA CENA O CENA DEL SEÑOR (Celebración de la última pascua judía)




En los evangelios se encuentra la perfecta narración de lo que ocurrió aquella noche en la que Jesús cenó por última vez con sus discípulos el día de los panes sin levadura o pascua judía. Para ello observaremos los cuatro evangelios, para obtener una visión clara de aquel acontecimiento. Comenzaremos con el de Mateo 26:17-29, donde se nos dice:

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mí tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con  mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. Cuando llegó la noche, se sentó  a la mesa con los doce. Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, más ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.

Así narra Mateo lo que sucedió aquella noche. Los discípulos prepararon la cena de la pascua judía y Jesús se sentó con los doce a comer, y mientras comían, Jesús tomo el pan, lo bendijo, lo partió, y dió a todos sus discípulos (incluido Judas Iscariote). Seguidamente Jesús dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa (que contenía vino, fruto de la vid y no agua), dijo: Bebed de ella todos (los doce), porque esto es mi sangre del nuevo pacto. Queda claro que Jesús le dio de comer pan y de beber vino a todos.

En ningún momento Jesús dijo que convertiría el pan en carne y el vino en sangre y tampoco Mateo que estuvo presente en esa cena lo dice. Si esto hubiese sido así, no nos cabe la menor duda que Mateo lo hubiese narrado, porque no sería para menos, ¿Cómo se le podía olvidar algo tan importante? Como ocurrió por ejemplo con las bodas de Caná, cuando convirtió el agua en vino o cuando Jesús anduvo por las aguas o con la multiplicación de los panes y los peces, o en cualquier otro relato de algún milagro que Jesús hizo. No, Mateo se limita a contar lo que Jesús hizo o dijo y no menciona o aclara nada de un milagro.

En el evangelio de Marcos 14:12-25, podemos ver este mismo acontecimiento pero narrado por Marcos, que no perteneció a los 12 discípulos. Y en los versículos 22 al 25 dice:

Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo  dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.

Como podemos apreciar fácilmente, Marcos no discrepa en nada de lo que Mateo cuenta. Queda claro que no se menciona nada acerca de que Jesús hiciese el milagro de convertir el pan y el vino en su cuerpo. Se ve una vez muy claro que los Testigos de Jehová mienten al decir que Judas Iscariote no participó en tomar el pan y el vino. De la misma manera que los mormones en sustituir el vino, fruto de la vid, por el agua. Ahora pasaremos al evangelio de Lucas 22:14-20, donde leemos que:

Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles. Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

Aquí Lucas, a diferencia de Mateo y Marcos, incluye la frase de “haced esto en memoria de mí”, llama la atención de que ni Mateo ni Marcos hayan mencionado dicha frase. Pero nos vemos obligados a hacernos esta pregunta ¿a qué se refería Jesús cuando dijo haced esto en memoria de mi? Cuando seguidamente analicemos el cuarto evangelio, la vamos a poder responder con mucha más claridad. En el evangelio de Juan 13, podemos leer lo que Juan narra de dicha noche, donde Jesús comió con sus apóstoles la ultima cena. Al analizar dicho capítulo, comprobaremos que Juan no entró en detalles acerca del pan y del vino, que bendijo Jesús, y como Mateo y Marcos tampoco menciona el “haced esto en memoria de mí”. Pero sin en cambio, el evangelio de Juan es clave para entender el verdadero significado de la noche en que Jesús comió por última vez la pascua Judía. En este evangelio capítulo 13:2-7 dice:

Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

En los versículos 12 al 15 dice:

Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.

Juan, ese discípulo que siempre estaba cerca de Jesús, cuenta algo que ocurrió aquella noche, que no contaron los otro tres. Pero que completa la visión de lo que ocurrió. Cuando Jesús lavó los pies de los discípulos y Pedro quiso rechazarlo, Jesús le dijo:

Lo que yo hago, tu no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.

¿Creen que Pedro era tan torpe como para no comprender lo que Jesús estaba haciendo?

Jesús les estaba lavando simple y llanamente los pies, pero esto no era lo que Jesús les estaba enseñando a que siguiesen haciendo los unos para con los otros, que fue lo que Pedro mal interpretó y por eso Jesús le respondió con esas palabras de “ahora no lo comprendes; lo entenderás más tarde” Pues bien, deberíamos de haber entendido que Jesús, el Maestro tiene como nadie, esa peculiar y única forma de enseñar. El, utiliza símbolos o formas tanto materiales o físicas, como mentales o imaginativas, para hacernos entender el verdadero significado de sus enseñanzas. A parte de esto que hemos visto de comer el pan y beber el vino o el lavar los pies, veremos a continuación, algunos ejemplos más para entenderlo mejor. En este mismo evangelio en el capítulo 4, podemos ver el relato de Jesús con la mujer samaritana y en los versículos del 13 al 15 leemos:

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua  que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa  agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

En este pasaje ocurre como en el anterior del lavamiento de los pies, la mujer como Pedro y como es lógico en el hombre natural, al principio no entienden la enseñanza espiritual del Maestro. Esta mujer samaritana entendió que Jesús le iba a proporcionar agua física o material para saciar su sed, pero para nada Jesús se estaba refiriendo a eso. Los evangelios están llenos de esa forma tan peculiar de enseñar que tiene el Maestro. En Mateo 18, versículo 8 y 9, dijo Jesús:

Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego.

¿Acaso puede pensar alguien que Jesús se estaba refiriendo literalmente a cortarse la mano o sacarse el ojo? Creemos que estos ejemplos son suficientes, como para deber saber diferenciar, entre lo que es un milagro de lo que es una parábola o alegoría, o de una metáfora. Cosa que por lo visto a pesar de los muchos estudios y títulos, los llamados teólogos o maestros en las respectivas sectas no lo saben. Con razón dijo Pablo.

Que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. (1 Corintios 1:27-28)

Queremos manifestar clara y rotundamente, que en la última pascua que celebró Jesús con sus discípulos, es totalmente falso que Jesús hiciese el milagro de convertir el pan y el vino en su cuerpo, como manifiesta creer el catolicismo romano. Tampoco son ciertas las diferentes enseñanzas de los evangélicos, mormones, testigos de Jehová, adventistas, entre otros, que afirman que Jesús manda practicar un rito llamado cena del Señor o santa cena.

Ya Jesucristo anteriormente hizo la aclaración perfecta, de lo que más tarde en esa cena de la pascua quiso simbolizar materialmente con el pan y el fruto de la vid. Estamos hablando, claro está, del capítulo 6 del evangelio de Juan. Aquí entre otras cosas Jesús dijo:

Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. (Juan 6: 51-53)

Esto que hemos leído en Juan 6, es lo mismo que Jesús le volvió a recordar, a sus discípulos en aquella cena. Solo que quiso en ese momento simbolizarlo físicamente con el pan y el vino. Comer del pan de vida, esto es de Cristo, significa entre otras cosas: andar como el anduvo. Comer de su carne y de su sangre, es ser consciente de estar dispuesto a sufrir el mismo calvario que Jesús sufrió por amor a la Verdad.

Cuando Jesús dijo:

Haced esto en memoria de mí, fue después de haber dicho: “Esto es mi cuerpo que por vosotros es dado”.

Jesús no estaba diciendo que se debía hacer un ritual de ello como muchas sectas enseñan, sino a su cuerpo que por nosotros es dado (Jesús les servía, les enseñaba, les curaba, les pastoreaba y puso sus vida por nosotros), y al igual que Él, nosotros somos llamados a dar nuestros cuerpos por los demás; y esto, como discípulos suyos, solo lo debemos hacer en memoria de Él. Porque como bien enseñó en aquella última pascua diciendo:

Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis (Juan 13:15)

¿Y qué ocurre con 1 Corintios 11? En los versículos 17 al 34, Pablo reprende a los Corintios, porque estos, cuando se reunían como iglesia, tenían entre ellos divisiones y esto, dice Pablo, no es comer la cena del Señor (Vers. 17-20). Porque se adelantaban unos a otros al comer, unos tenían hambre, otros se saciaban y otros se emborrachaban.

Cuando se reúne como Iglesia, el Maestro enseña a que no nos reunamos para agradar a la carne comiendo y bebiendo, sino para comer y beber de Cristo y esto no simbólicamente repartiendo pan y vino, sino en espíritu y verdad como corresponde a los verdaderos; unidos compartiendo, ayudando, enseñando, exhortando…. en memoria de Él.

 Como Pablo dice en otra parte:

Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu (Romanos 14:17)

Por eso señala en el versículo 27, que:

Cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre de Cristo.

Y continúa en los versículos siguientes aclarando esto. Queriendo enseñar, que lo que venían haciendo de comer cada uno lo suyo, sin esperarse unos a otros, dejando con hambre a los que no tenían y emborrachándose, no era comer la cena del Señor. Por eso termina con los versículos 33 y 34, poniendo orden diciendo:

Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio.

El mismo Pablo deja todo esto muy claro en esta misma carta a los Corintios en el capítulo 5:7-8, diciendo:

Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.


Nuestra Pascua es Cristo, que ya fue sacrificado, y celebramos la fiesta continuamente con panes sin levadura, esto es, de sinceridad y de verdad. Es nuestra celebración de la Pascua; comer del Cordero, pero no del cordero que se sacrificaba en la pascua judía, sino del Cordero de Dios, Cristo. ¿Dónde enseña Pablo en todo esto un ritual, celebrándolo de cuando en cuando, comiendo pan y bebiendo vino y llamándole la Santa Cena, Eucaristía o Sena del Señor, como lo hacen las religiones o sectas? No se deje engañar más por las religiones, sectas y denominaciones; con sus ritos y ceremonias tradicionales, que son según las gentes pero no conforme a la Verdad.

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