martes, 28 de febrero de 2017

LA HOMOSEXUALIDAD SEGÚN DIOS

Si bien en las Escrituras no aparece la palabra homosexualidad, sí encontramos cuál es la voluntad y el orden de nuestro Dios para con las criaturas que él creó, como son el hombre y la mujer. La palabra homosexual se refiere a aquellos que buscan o realizan placeres carnales con personas de su mismo sexo.

Acerca de este tema hay todo tipo de ideologías, como por ejemplo, y quizás la más extendida, es la de que “se nace siendo homosexual” y, por consiguiente, Dios no puede estar en contra de practicar la homosexualidad, algo muy lógico y razonable siempre y cuando esto sea cierto.

Por eso nuestro cometido es el investigar en las Sagradas Escrituras, para ver qué es lo que Dios nos ha dejado escrito, acerca de este tema tan transcendental en estos últimos tiempos.

En el libro de Génesis capítulos 1 y 2 podemos ver como Dios creó primero los cielos y la tierra y después dijo Dios:

“Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creo. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla,… Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1: 26-31).

Un poco más adelante encontramos más detalles de este proceso de la creación del hombre y la mujer, diciendo:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomo una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:7, 18- 24).

Como podemos ver claramente, Dios, después de haber creado al hombre, vio que no era bueno que estuviese solo y creó a la mujer como la ayuda idónea y vio Dios que todo lo que había hecho era bueno en gran manera. Así que Dios creó a la mujer para que fuese la ayuda idónea para el hombre y además con un objetivo claro, de fructificar y multiplicarse para llenar la tierra y sojuzgarla.

Dios no le hizo al hombre como ayuda idónea a otro hombre, sino que Dios hizo a la mujer y sólo bajo este orden natural tal, y como los creó Dios, es posible la fructificación y la multiplicación de la especie humana.

Siguiendo en el Antiguo Testamento, Dios mandó a su pueblo Israel en el libro de Levítico capítulo 18 versículo 22, lo siguiente:

“No te echarás con varón; es abominación…

Dios prohibió a su pueblo, el echarse varón con varón, siendo tal acto abominable y condenatorio, en Levítico 20:13 dice:

“Si alguno se ayuntare con varón, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.”

Esta ordenanza nunca fue alterada o cambiada por  Dios en el Antiguo Testamento, quedando claro y de una manera contundente, el desacuerdo total y la prohibición de dicha práctica homosexual por parte de Dios.

Ahora bien, con la venida de nuestro Señor Jesucristo y estando ahora bajo el Nuevo Testamento o Pacto y no  bajo el Antiguo, ¿Qué ha cambiado al respecto? Los que conocemos a Dios sabemos que Jesús hizo nuevas todas las cosas y, por consiguiente, también con este caso que estamos tratando.

Jesús en el evangelio de Mateo 19:4-6, dice:

“¿No habéis leído  que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”

Si bien, nuestro Maestro no usa el término homosexual para referirse a esta cuestión, sí deja claro cuál fue y es el orden establecido por Dios. Jesús confirma que cuando se nace, o se es, varón o se es hembra,  en ningún momento cabe otra interpretación al respecto. Y, además, que lo que se puede unir en casamiento, siempre y únicamente es entre un hombre y una mujer.

Hay dos cambios nuevos  y sustanciales una vez que viene Cristo en cuanto al pecado en general; el uno es que mientras bajo la ley de Moisés, el hombre que pecaba pagaba inmediatamente según el pecado que había cometido, ahora, bajo la ley de Cristo, la paga del pecado no se efectúa inmediatamente, sino que todo queda para el juicio final, es decir para cuando Él vuelva;  y lo segundo es que uno peca no sólo cuando ha ejecutado el pecado, sino aun deseándolo sin tener porque haberlo ejecutado.

Jesús dijo:

“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mat. 5:27 y 28).

Si escudriñamos el Nuevo testamento, podremos entender perfectamente que este mismo espíritu es válido para cualquier otro pecado como pudiera ser: el robar, la avaricia, el matar, la fornicación, la mentira entre otros muchos pecados, basta con desearlo o codiciarlo y ya hemos cometido el pecado. Y esto es tanto para el hombre como para con la mujer, pues Dios en Jesucristo no hace acepción de personas.

En Romanos capítulo 1 versículos del 25 al 27, se nos dice:

“Cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismo, la retribución debido a su extravío”

Así que tanto el hombre como la mujer ya desde el principio cayeron en tal abominación. En la actualidad la degeneración moral es tan grande que ya solo vienen quedando algunas naciones en el mundo que no han legalizado los matrimonios entre homosexuales, principalmente en Asia, África y Centro América.  Estados Unidos también ha legalizado estas uniones. Su presidente Barack Obama, dijo públicamente que es una victoria para su país. Esta es una evidencia más que Cristo está por volver a este mundo. Jesús lo dijo:

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.  (Lucas 21:31-32)

Como sucedió en los días de Lot (Sodoma y Gomorra).  Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste(Lucas 17:28-30)


En 1ª de Corintios capítulo 6 versículo 9 dice:

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” Como podemos ver de una manera clara, la homosexualidad es igual a los demás pecados, estando todos ellos ausentes del reino de Dios.

¿Cómo trata Dios y nos manda tratar a los homosexuales?

La respuesta es muy clara y contundente; de la misma manera que a los fornicarios, adúlteros, afeminados, avaros, maldicientes y estafadores. Esto es, aplicando la misma vara de medir.

El hombre o mujer fuera de Cristo están perdidos, sin esperanza por la condición del pecado y han de arrepentirse de sus pecados para poder tener comunión con Dios. El arrepentimiento implica el dejar de hacer aquello que no es de acuerdo a la voluntad de Dios y seguidamente creer en Jesucristo, recibiendo su sacrificio y el perdón de pecados. El creer en Jesús implica andar como Él anduvo, esto es, guardar su Palabra o mandamientos que encontramos a través del Nuevo Testamento.

Estimado amigo o amiga homosexual, podríamos hablar mucho acerca de esto, pero lo más importante es que sepa que Dios le ama y quiere que usted vaya al reino de los cielos para vivir eternamente con Él y en felicidad plena, pero para esto es necesario que se arrepienta de sus pecados.

No se deje engañar por aquellos que le inducen o le han inducido a vivir la homosexualidad que, como usted ha podido comprobar, no va de acuerdo a Dios.

No se deje engañar por aquellos que le dicen que se nace siendo homosexual, esto es totalmente falso, la ciencia también lo avala mostrándonos que, o se nace con los cromosomas XY, esto es varón, o XX, esto es hembra. Además Dios ha puesto en el instinto humano el saber distinguir lo que es, de lo que no es. Por ejemplo, cuando uno roba sabe perfectamente que no está haciendo bien, de la misma manera cuando se practica la homosexualidad se sabe que es contra naturaleza y que va contra Dios. Es necesario que el hombre reconozca sus pecados y crea en el único que le puede salvar.
Entre otras muchas cosas Jesús dijo:

“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn.3:3). "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3:16 – 21).

Querido lector, si aún no ha dado este paso de fe, no tarde en darlo y con esto no estamos diciendo que se integre en esta o aquella denominación, secta o religión, cosa que por las Sagradas Escrituras no se debe hacer.

En fin, lo que deseamos es ayudarle comunicándole que solo en Jesucristo es posible un cambio radical en la persona y su salvación. Nuestro Señor Jesús desea liberarlo de esa esclavitud del pecado en el que vive. No tarde en entregarse a Él y ser salvo.

Las Escrituras nos dice en Romanos 10: 9 y 10 lo siguiente:


“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

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