jueves, 23 de febrero de 2017

HECHOS DE LOS APÓSTOLES, La transición de la Ley a la Gracia.

En el libro de Hechos de los Apóstoles, se cuentan los principales actos que ocurrieron después de que Jesús fuese recibido arriba en los cielos. A diferencia de las cartas de Pablo, Pedro, Juan, Santiago o Judas Tadeo, donde éstos escriben cómo nos hemos de conducir durante nuestro peregrinaje aquí en la Tierra.  Exhortándonos, corrigiéndonos, amonestándonos, enseñándonos la sana doctrina. En el libro de Hechos de los Apóstoles, vamos a ver cómo aún seguían cumpliendo con La Ley (de Moisés) y los profetas, y, a medida que el Espíritu Santo les iba recordando las cosas que Jesús enseñó y mandó, se producía en ellos ese cambio, del Antiguo Pacto al Nuevo Pacto.

Hay que tener mucho cuidado, a la hora de querer usar el libro de Hechos de los Apóstoles, para enseñar o avalar una doctrina concreta. Muchos no habiendo entendido dicho proceso natural de cambio, enseñan a otros a seguir guardando cosas de la Ley y los profetas, que ya no corresponde al Nuevo Testamento o Nuevo Pacto. A continuación, veremos unos ejemplos, recorriendo éste libro de Hechos de los Apóstoles, para que podamos comprender más exactamente lo que venimos diciendo.

Capítulo 1, versículos 15 al 26:

En éste relato, vemos cómo para cubrir el puesto de Judas Iscariote, usaron una práctica muy habitual del Antiguo Testamento, como fue la de “echar a suerte”. El versículo 26 dice: “Y les echaron suertes, y a suerte cayó sobre Matías, y fue contado con los once apóstoles”.  Ésta práctica, ha dejado de tener sentido en el Nuevo Pacto, y de hecho, no aparece nunca más. Una vez que tenemos con nosotros la Palabra Profética más segura (2ª Pedro 1: 19), podemos y debemos recurrir a ella, para saber cuál es la voluntad de Dios, quedando el “echar la suerte” sin eficacia y sin sentido.

Capítulo 3:

Pedro y Juan, subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.   Sobre el año 70 d.C., se cumplió la profecía de Jesús, de que el templo sería destruido (Mateo 24: 1, 2). Nosotros pasamos a ser el templo o morada de Dios (Juan 14). De la misma manera, ocurrió con la oración; Jesús dejó claro que no había que ir a Jerusalén, al templo a orar (Juan 4). Sin en cambio, vemos cómo en éste libro de Hechos, los apóstoles y discípulos concurrían por el templo, e incluso iban a orar, cosas que después de Hechos de los Apóstoles, dejaron de hacerse.

Capítulos 10 y 11:

En éstos capítulos, podemos ver cómo hasta ese momento, y por medio de una visión que recibió, Pedro no entendió que Dios no hace acepción de personas (10: 34). Pedro seguía anteriormente a ésta visión, viviendo como judío, teniendo por abominable juntarse o acercarse a un extranjero (10: 28). Tampoco habían entendido, que de igual manera que ellos, también los gentiles o extranjeros recibirían la promesa del Espíritu Santo (10: 45, 47). Hasta entonces, no se había acordado Pedro de lo dicho por el Señor, cuando dijo:
Juan, ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (11: 16).

Estamos hablando en éstos capítulos, de un tiempo bastante avanzado después de haber subido Jesús arriba, y hasta entonces, no habían comprendido cosas que Jesucristo había enseñado a través de sus palabras y de sus ejemplos. Fijémonos también, que aún seguían siendo fieles a la circuncisión (10: 45); esto es, aún continuaban practicando la circuncisión.

Volviendo al capítulo 11, versículo 16, es muy importante ver cómo Pedro hasta entonces no se acordó de lo dicho por su Maestro el Señor Jesucristo,  cuando dijo:

Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo”.

 De la misma manera que como con todo lo que correspondía a la Ley y los profetas, esto estaba pronto a desaparecer, incluyendo por supuesto el bautismo de Juan (en agua). Recordemos que todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan (Mateo 11: 13).

Pedro, Pablo o Felipe, habían participado bautizando en agua (2: 38, 41; y 8: 12- 38). Pero de la misma manera que en los temas anteriores, la práctica de dicho bautismo, no aparece después de Hechos de los Apóstoles, nunca más a lo largo de todo el Nuevo Testamento.

Capítulo 15:

En éste capítulo, la cuestión principal es la de que los judíos que habían creído, enseñaban a los hermanos gentiles, que si no se circuncidaban conforme al rito de Moisés, no podían ser salvos (vers. 1).

Pablo y Bernabé se opusieron a ello, por lo que decidieron ir a Jerusalén para tratar éste asunto con los apóstoles y ancianos ( vers. 2 – 6). Después de mucha discusión, determinaron no imponerles a los gentiles que creían, ninguna carga más de la Ley, sino que se abstuvieran de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación. Quedó zanjado pues, que los gentiles que creyesen no fuesen circuncidados, y que no guardasen toda la Ley de Moisés, como querían los judíos. Pues bien, como podemos ver claramente, los judíos convertidos, aún seguían practicando la circuncisión y la Ley de Moisés. Y la abstención de la circuncisión, sólo se determinó para los no judíos.

Todavía a estas alturas, seguían practicando estas cosas. Fijémonos en el capítulo 16: 1 – 3, como justo después de haber estado Pablo en Jerusalén con los apóstoles y ancianos, circuncidó a Timoteo, por causa de los judíos, pues éste era hijo de una mujer judía, aunque de padre griego.  Se muestra una vez más, lo que venimos aclarando acerca del libro de Hechos de los Apóstoles, donde se recogen los acontecimientos principales de ese período de cambio y adaptación de la ley a la gracia.  Después del libro de Hechos, no aparece en el Nuevo Pacto, ninguna práctica, ni por supuesto mandamiento, acerca de cumplir con la circuncisión, ya que esto, dejaría de ser, como tantas otras cosas.

“En Cristo fuimos circuncidados, con circuncisión no hecha a manos” (Colosenses 2: 11)

Capítulo 18:

Aquí vemos, cómo el apóstol Pablo, acostumbraba  ir a la sinagoga todos los días de reposo. También podemos ver cómo hizo voto y se rapó la cabeza, y cómo guardaba las fiestas judías.

Creemos que con esto que hemos podido ver es más que suficiente para afirmar que en el libro de Hechos de los Apóstoles, se seguían practicando costumbres judías y la Ley de Moisés: echaban suerte, ayunaban, presentaban ofrendas en el templo, se circuncidaban, subían a Jerusalén a orar, guardaban las fiestas judías y el día de reposo (Sábado), se bautizaban en el bautismo de Juan (en agua), hacían voto y se rapaban la cabeza, etc… …

Esto formaba parte de la lógica dentro de un proceso de cambio. Del Antiguo Pacto al Nuevo Pacto, o del Antiguo Testamento al Nuevo Testamento, de la Ley de Moisés, a la Ley de Cristo. Todos nosotros, después de haber vivido en las tinieblas, pasamos a vivir en la luz admirable, experimentando de alguna manera éste proceso lógico de cambio y adaptación gradual que, como vemos, ocurrió en Hechos de los Apóstoles.

No vale pues, usar éste libro de Hechos de los Apóstoles para querer, con lo que en ese período de tiempo aconteció, avalar el que aún debemos practicar la circuncisión, o el bautismo de Juan (en agua), o el hacer voto, etc…,cosas que eran de la Ley de Moisés y los profetas, y que estaban pronto a desaparecer. Cristo cumplió en todas éstas cosas de la ley, clavándolas en la cruz, y librándonos así de ellas (Colosenses 2: 14).

¡MUY IMPORTANTE!

Para poder entender todo esto mucho mejor y no quedar duda alguna, es muy importante que analicemos bien lo que ocurrió en Hechos de los Apóstoles capítulo 15. Aquí surgió por primera vez este gran problema  entre la circuncisión, ley de Moisés  y la Gracia o ley de Cristo. Esta cuestión, tan importante y trascendental, se solucionó en aquel entonces; como seguidamente vamos a poder comprobar en Hechos 15 donde se nos dice que:

Entonces  algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos lo siguiente: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. Por esta cuestión Pablo y Bernabé tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos, entonces se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión. Una vez llegados a Jerusalén, fueron recibidos por la iglesia y los apóstoles y los ancianos, y refirieron todas las cosas que Dios había hecho con ellos. Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.  Así que se reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer de este asunto. Y después de mucha discusión,  Pedro se levantó y dijo entre otras cosas,  que Dios no hizo ninguna diferencia entre ellos (los judíos) y los gentiles, purificando por la fe sus corazones y añade: Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvo, de igual modo que ellos.  Después de hablar Pedro, también lo hicieron Bernabé, Pablo y Jacobo (ver vers.12-23). Y acordaron lo siguiente: Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley… Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien.

Quedó pues clara y solucionada esta cuestión, llegando al acuerdo de que a los gentiles que  creían, no se les mandasen la circuncisión, ni  el guardar la ley de Moisés. Cosas que además en Cristo han envejecido o desaparecido (Hebreos 8:13). Es necesario escudriñar las Escrituras y entender que la circuncisión como la ley de Moisés les fue dado al pueblo de Israel y nada tuvo que ver con esto los gentiles. Y como hemos visto, cuando surgió el intento de parte de algunos que aún no habían entendido el mensaje de Cristo, de querer imponerles a los gentiles que creían la circuncisión y que guardasen la ley de Moisés, fue rechazado por el Espíritu Santo, la iglesia con los apóstoles y los ancianos. ¿Quién, cuándo y a quienes se les ordenó en el Nuevo Pacto imponerles a los gentiles tales cosas? Estos que aún lo hacen no se han enterado, o por interés no se han querido enterar, que con la venida de Cristo aún a los que les fueron dadas la circuncisión y la ley de Moisés, esto es, a los Israelitas, Cristo los ha liberado de ellas. Las Escrituras dice claramente:

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la Paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo(LA IGLESIA),  matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efes.2. 11-18).


NO SE PUEDE DECIR MÁS CLARO. La iglesia de Cristo tiene el deber de enseñar esto y decir a las religiones, sectas y denominaciones que dejen de engañar y dividir. Que dejen de cobrar el diezmo y todo lo demás que se incluye en la ley de Moisés. Quienes quieran encontrar en las Sagradas Escrituras que hay que diezmar y si no diezmas pecas, deberá retroceder en la historia, irse al Primer Pacto, Antiguo Pacto, Ley de Moisés o Antiguo Testamento, esto es, a lo pasado y que correspondió solo y exclusivamente al pueblo de Israel y a los que con ellos habitaban (forasteros). No nos cansamos de repetir que con la venida de nuestro Señor Jesucristo, todos los profetas y la ley fueron hasta Juan (Mat.11: 13).

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