miércoles, 8 de febrero de 2017

El obrero es digno de su salario

La mayoría de las religiones o sectas a sí mismas llamadas cristianas, por no decir todas, tienen a sus obreros o ministros asalariados, es decir, les tienen asignado un sueldo o salario. Y la que no los tiene, es porque su capacidad económica no se lo permite. Dependiendo del cargo que tengan así cobran. Por ejemplo, un cardenal católico cobra más que un sacerdote, o un pastor evangélico cobra más que un diácono. Además de sus salarios fijos, recaudan dinero por ir a predicar a otras denominaciones y a esto hay que añadir los obsequios que reciben directamente de los feligreses.
Podemos decir que muchos de estos líderes religiosos viven económicamente por encima de la media de la ciudadanía. Todos estos salarios proceden principalmente de las recaudaciones que obtienen por la imposición del diezmo; también por la insistencia muy a menudo de los líderes en el deber de ofrendar aparte de diezmar; otros, más poderosos, recaudan a través de la radio y televisión haciendo sus maratones populares; además de los beneficios que les proporciona la venta de libros, sobre todo de la Biblia, y otros muchos artículos.
Bueno, todo esto estaría muy bien si fuera legal o lícito delante de Dios, el recaudar dinero para cubrir los salarios que pagan a sus obreros. Pero como vamos a demostrar seguidamente por las Sagradas Escrituras, ni las formas ni el fin, pueden ser justificados ante Él. Y lo peor de todo, es que usan para ello falsamente las Escrituras con textos fuera de sus contextos, para avalar con engaño dichas ganancias deshonestas.

Primeramente queremos aclarar lo que Dios ordenó en relación al tema que nos concierne en ese primer pacto, ley de Moisés y los profetas, que fue dado al pueblo de Israel.
Jehová Dios hizo solamente de la tribu de Leví un pueblo sacerdotal para que sirvieran al tabernáculo.
Porque habló Jehová a Moisés, diciendo: Solamente no contarás la tribu de Leví, ni tomarás la cuenta de ellos entre los hijos de Israel, sino que pondrás a los levitas en el tabernáculo del testimonio, y sobre todos sus utensilios, y sobre todas las cosas que le pertenecen; ellos llevarán el tabernáculo y todos sus enseres, y ellos servirán en él, y acamparán alrededor del tabernáculo. Y cuando el tabernáculo haya de trasladarse, los levitas lo desarmarán, y cuando el tabernáculo haya de detenerse, los levitas lo armarán; y el extraño que se acercare morirá (Núm. 1: 48-51).
En el libro de Números, capítulos del 16 al 18, veremos más exactamente acerca de este ministerio encomendado por Jehová a los levitas. Por ejemplo en el capítulo 18, versículos del 24 al 31, leemos:
Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad. Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos. Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como producto del lagar. Así ofreceréis también vosotros ofrenda a Jehová de todos vuestros diezmos que recibáis de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová al sacerdote Aarón. De todos vuestros dones ofreceréis toda ofrenda a Jehová; de todo lo mejor de ellos ofreceréis la porción que ha de ser consagrada. Y les dirás: Cuando ofreciereis lo mejor de ellos, será contado a los levitas como producto de la era y como producto del lagar. Y lo comeréis en cualquier lugar, vosotros y vuestras familias; pues es vuestra remuneración por vuestro ministerio en el tabernáculo de reunión.
Así que, Jehová Dios, tomó solamente a los levitas para que ministrasen lo sagrado. Y como remuneración o salario por ello, Jehová les dio los diezmos de Israel, de los cuales ellos a su vez debían apartar el diezmo como ofrenda a Jehová. De esta manera, tanto los levitas como sus familias tenían garantizado su sustento a través de los diezmos recibidos de los productos de la era y del lagar por sus hermanos los Israelitas. Esta era la paga, remuneración o salario digno del obrero que servía al tabernáculo de Jehová Dios.
Aclarado esto, hemos de recordar que estamos hablando de la relación que mantuvo Jehová Dios con el pueblo de Israel en cuanto al ministerio o servicio sacerdotal, y donde los demás pueblos o gentiles no tuvieron parte alguna.


Ahora bien ¿Se ha mantenido este servicio u orden por parte de Jehová hasta el día de hoy? A esta pregunta fundamental, hemos de responder que ya en ese primer pacto, ley de Moisés y los profetas que fueron para el pueblo de Israel, Jehová Dios anunció un cambio por medio del profeta Jeremías, diciendo:


He aquí vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado (Jerem. 31: 31-34).
Jehová, como hemos podido leer, anunció un segundo pacto con la casa de Israel y Judá, debido a que ellos invalidaron el primero.
Quizá se pregunte usted y ¿Qué tiene que ver todo esto con lo del obrero es digno de su salario? Pues mucho, sí mucho, porque a raíz de este segundo pacto, todas las cosas serían hechas nuevas, también en lo referente a los obreros, sacerdotes o pastores y sus salarios.
El momento crucial de todo esto que venimos aclarando, comienza con lo que Jehová Dios anunció a través del profeta Ezequiel 34:1-15 diciendo:
Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreados de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presas de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas. Por tanto, pastores, oíd palabra de Jehová: Vivo yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas; por tanto, oh pastores, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no le serán más por comida. Porque así ha dicho Jehová el Señor: he aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; más a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia…
Después de conocer esta profecía, no hay duda alguna de que Jehová se puso en contra de los pastores de Israel, prometiendo que, por cuanto su rebaño fue robado y presa de todas las fieras del campo sin pastor, porque los pastores se apacentaban a sí mismos; Él demandaría sus ovejas de sus manos y éstos dejarían de apacentar las ovejas. No se apacentarían los pastores más a sí mismos, porque Él las libraría de sus bocas y no le serían más por comida. Jehová el Señor, prometió diciendo que Él mismo iría a buscar sus ovejas, a librarlas de todos los lugares donde fueron esparcidas.
Él mismo las apacentaría y les daría refugio. Jehová el Señor mismo volvería al redil la descarriada, vendaría la perniquebrada, y fortalecería a la débil; más a los pastores, engordados y fortalecidos a costa de sus ovejas, los destruiría. Así pues, era cuestión de tiempo. Es decir, hasta que llegase el cumplimiento de dicha profecía. Para que Jehová el Señor fuese el único Pastor de su pueblo Israel y nunca más serían pastoreadas sus ovejas por hombre alguno.
Volviendo a los levitas, recordemos que Jehová los había apartado a ellos solamente para que les sirvieran en el tabernáculo y todo lo que ello conllevaba, y de la misma manera a ellos solamente los remuneró con los diezmos de Israel. Más a los pastores, esto es, a aquellos que estaban puestos para dirigir y gobernar bien a su pueblo, NO les dio ningún tipo de remuneración o salario, sino que de lo que trabajaban, como los demás, les servía de sustento. Pero, sin en cambio, éstos, como hemos leído en Ezequiel, se aprovechaban de su cargo, engordándose o enriqueciéndose sin importarles las ovejas de Jehová el Señor.
Queremos repetir de nuevo que, a diferencia de los que servían al tabernáculo (los levitas), los pastores NO percibían ningún tipo de remuneración o salario, como podemos comprobar en toda la ley y los profetas. Y esto es justo, ya que los levitas estaban todo el día sirviendo al tabernáculo y no podían trabajar ni en la era, ni en el lagar, ni con el ganado, como sí los demás. Además, como venimos diciendo, el término pastor NO hay que entenderlo como un ministerio o servicio sacerdotal, como sí fue el de los levitas. Es muy importante que sepamos diferenciar esto y lo tengamos presente.
Ahora nos toca saber si las profecías de Ezequiel 34 y de Jeremías 31 se han cumplido. Para la gloria de Dios y el bien de la humanidad, sí que se han cumplido estas profecías y fue con la venida de Emanuel, esto es, Dios con nosotros, como podemos verlo en Mateo 1: 23.
Jesucristo nos reveló en su evangelio, concretamente en Juan 10, que Él es ese Jehová el Señor que iba a venir a librar a sus ovejas de las bocas de los pastores y, a partir de ahí, nunca más les servirían por comida, porque Él iba ha dejar que las pastorearan, como vamos a comprobar seguidamente.
En primer lugar, Jesús deja claro en los versículos 1 al 7 que Él es la única puerta por donde las ovejas deben entrar, y lo dice de la siguiente manera:
De cierto de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por su nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños. De cierto de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas.


Además deja claro que el que entra por otra parte, ladrón y salteador es. Son de los extraños de quienes sus ovejas huyen porque no conocen su voz. Y continúa Jesús diciendo en los versículos 8 en adelante que:

Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.


El Señor afirma que todos los que antes de Él vinieron, ladrones y salteadores son, así de claro, por muy fuerte que suene, y en los versículos 11 y 12, dice:

Yo soy el buen Pastor; el buen Pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.


Jesús es el Buen Pastor, porque sólo hay uno Bueno Dios (Marcos 10:18). Es claramente ese Jehová el Señor que vendría por sus ovejas, el mismo del que el rey David habló en el Salmo 23. Las ovejas no le pertenecen más que al Pastor, por eso llama a los que fueron antes que Él ladrones y salteadores, porque hurtaban a las ovejas del Señor; fueron esos malos pastores.


Una vez venido Cristo, NO debería haber más pastor que Él y, mucho menos, asalariados. El haber constituido los hombres por ellos mismos, sacerdotes o pastores después de Cristo, representa una autentica herejía. Por lo que a todos estos pastores, sean católicos, evangélicos, adventistas, mormones, etc., no les queda más que lo que en Hebreos 10: 26 al 31, enseña, diciendo:
Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de Gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!
No queda otra, al igual que para aquellos que piensan que podrán justificarse equiparándose al servicio sacerdotal de los levitas, no teniendo en cuenta con ello, el cambio de pacto o ley profetizado por Jeremías.
Pablo en la carta a los hebreos lo deja muy claro, sobre todo en los capítulos 7 al 10. Por ejemplo en el capítulo 7, versículos 11 y 12, dice:
Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fue llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya cambio de ley. Pero ahora tanto mejor ministerio es el de Cristo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo

Y continúa Pablo, haciendo énfasis en la profecía de Jeremías (ver capítulo 8: 6-7 y siguientes).
En Cristo, tanto el tabernáculo como sus sacrificios y, por lo tanto, el sacerdocio levítico, ordenanzas de culto, y todo lo concerniente a ello, quedaron abolidos y por consiguiente sin eficacia. Así que, después de Cristo nadie puede justificar ningún tipo de salario, ya sea israelita o no. Insistimos, que el haber creado después de Cristo un orden de culto, con templos hechos por manos humanas y sus tabernáculos, con sacerdotes o pastores hombres y con remuneraciones o salarios, constituye todo ello una gran falsedad, por la cual todos sus contribuidores serán avergonzados ante Dios y juzgados como anteriormente vimos por su Palabra en Hebreos 10, del 26 en adelante.
Después de haber aclarado esto, no nos queda otra que seguir avergonzando, con la misma Palabra de Dios, a los que por el nuevo pacto continúan justificando su servicio sacerdotal o pastoral y además con salarios que hurtan a las ovejas, adulterando para ello las Sagradas Escrituras ¡qué horror!
Hay quienes usan para ello las palabras de Jesús en Mateo 10:10, donde dijo:


Ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento.


¿Dónde está mandando Jesús en este versículo que se tenga que cobrar un salario por servirle? Jesús está afirmando una gran verdad y es que “el obrero es digno de su alimento”, es el derecho de todo obrero. Pero es que, estos falsificadores de la Palabra omiten voluntariamente los versículos anteriores como el versículo 8, donde
Jesús dijo:
Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia.
Jesucristo, envió a sus discípulos a predicar en su nombre el reino de los cielos y les ordenó que no llevasen nada, tampoco dinero, y bajo ese contexto aquellos que les recibiesen le diesen de comer, porque como obreros eran dignos de sus alimentos. Podemos decir que aquí el alimento es ese salario justo y merecedor por ser obrero de Cristo, pero para nada se habla en ningún momento de dinero como salario o pago por el trabajo. En esto no existe organización o sistema alguno para recaudar dinero y pagar salario, y mucho menos ordenado por Jesús ¡Por favor! Además, Jesús en el versículo 8 lo deja muy claro: “De gracia recibisteis, dad de gracia”. Y, como bien enseña la Escritura en Romano 4:4, diciendo:
Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda. Por consiguiente, si se cobra un salario por obrar ¿Dónde queda la gracia? Mas Cristo ordenó: De gracia recibisteis, dad de gracia.

Lo mismo ocurre con el evangelio de Lucas, capítulo 10, versículo 7-8 donde Jesús designó a otros setenta a quienes envió de dos en dos, pero en este pasaje en vez de usar la palabra alimento usa la de salario, esto no altera para nada el hecho en sí que venimos explicando, sino que lo aclara aún más, diciendo:


Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante.


Queda claro que el salario al que se refiere es al del alimento, ya que Jesús los había mandado sin ningún tipo de recurso. Y esto no era como paga por el trabajo, sino como derecho justo. Porque se les ordenó por el Señor que diesen de gracia, esto es, de balde o gratis, porque de balde o gratis lo recibieron. Hay que tener muy en cuenta que Jesús encomendó a los apóstoles un ministerio especial, con poder de sanar enfermos, limpiar leprosos, resucitad muertos y echad fuera demonios, señales que les hacían diferenciarse claramente de los falsos apóstoles o discípulos.
Además el servicio era a tiempo completo y exclusivo, de ahí que les ordenó a sus discípulos que comiesen y bebiesen lo que les pusieren por delante para su sustento, porque por derecho, el obrero es digno de su alimento. Fijémonos bien en estos versículos, que Jesús NO ordena a los que los reciben a pagar con comida y bebida a los discípulos, sino que la orden es a los discípulos a que coman y beban lo que les pongan por delante, que es muy diferente y esto concuerda perfectamente con lo dicho por Jesús “de gracia recibisteis, dad de gracia.
Por otro lado, estos sacerdotes, pastores u obreros asalariados toman de un capítulo el, o los, versículos que les convienen, para argumentar y justificar con ello lo que quieren conseguir, en este caso el salario, y ocultan lo que les tendría que acompañar para ser, según el texto y su contexto, merecedores de dicho salario, que en este caso sería: No llevar bolsa, ni oro, ni plata, ni cobre, ni alforja, ni calzado, y sanar a los enfermos, limpiar leprosos, resucitar muertos, echar fuera demonios (Lucas 10:4 y 9; Mateo 10: 8-10). Es decir, que si dicen ser esos obreros que Jesús envió para anunciar el reino de los cielos y por ello deben cobrar un salario, hay que exigirles también a ellos que reúnan esos requisitos o señales que acompañarían a los enviados por Jesús, como hemos podido leer. No conocemos ningún asalariado, es más, afirmamos rotundamente, que no existe ningún asalariado que reúna estos requisitos conforme a la verdad de Dios. Y por consiguiente, nos atrevemos a decir que son falsos enviados o apóstoles de Cristo, asalariados de quien no son las ovejas.
Ahora vamos a continuar con otro de los capítulos preferidos por todos estos engañadores, que van robando a las pobres ovejas de Dios con los diezmos y salarios, hablamos del capítulo 9 de 1 Corintios. Es incomprensible como pueden cambiar la verdad por la mentira, porque si analizamos este capítulo a la luz del Maestro, como hay que hacerlo, veremos que va en perfecta armonía con Él.
Decir antes que, Pablo fue ese apóstol al que el Señor escogió más tarde y le reveló todas las cosas por su Espíritu, ya que Jesús había ascendido a los cielos, otorgándole de la misma manera que a los demás, el mismo poder de hacer milagros.


En este capítulo 9, Pablo defiende su apostolado ante aquellos que le acusaban de no serlo, y les dice a los corintios que ellos ciertamente eran el sello de su apostolado (versículos 1-3). En los versículos siguientes continúa con lo mismo, diciendo en el 11 y 12 que:


Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material? Si otros participan de este derecho, ¿cuánto no más nosotros? Pero no hemos usado de este, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.
Es una obviedad, como Pablo dice, que todos tengan el mismo derecho por igual, entendiendo por el contexto que, por el segar de lo material, se refiere a los alimentos y no a un salario o sueldo. Ahora bien, Pablo declara no haber usado de ese derecho para no poner ningún impedimento al evangelio de Cristo. En los versículos 13 y 14, dice:
¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.
En el versículo 13, Pablo cita el primer pacto, donde ese servicio sagrado correspondía a los levitas y, como vimos, fueron remunerados por ello por mandato de Jehová, pero que, como también hemos visto, una vez llegado Cristo, tal sacerdocio quedó anulado.
En el versículo 14, nos remitimos a lo ya mostrado por la Palabra y dicho por el Señor, de que el obrero es digno de su alimento y, en ese contexto, hay que entender lo que Pablo dice que “los que anuncian el evangelio, vivan del evangelio”, y esto nada tiene que ver con un salario.
Ahora, sí que hay que poner mucha atención a lo que Pablo explica en los versículos del 15 al 18, y donde lo deja todo perfectamente aclarado y sin confusión alguna, diciendo:
Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada. ¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de este derecho.


La verdad es que el intentar explicar esto con otras palabras, sería estropearlo todo, por lo tan perfectamente explicado.


Pablo no se aprovechó de ese derecho de vivir del evangelio, pues tenía como galardón el predicar el evangelio de Cristo gratuitamente, para no abusar de su derecho. Es sencillamente perfecto y, como dijimos antes, en perfecta sintonía o armonía con el Maestro, donde el Señor Jesús enseñó que si bien el derecho digno de sus obreros es el del alimento, diesen de gracia, porque de gracia recibieron, mandándoles que, de lo que le pusieran por delante, comiesen y bebiesen. Y volvemos a preguntar, ¿Dónde manda o enseña Pablo que hay que cobrar un salario?
Por si queda alguna duda para algunos, que no debiera, esto que Pablo narra en 2 Tesalonicenses, capítulo 3, versículos del 6 al 11, debiera sin excusa alguna de despejarla.
Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros. Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis. Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma.
Después de haber leído estos pasajes, íbamos a subrayar lo más importante, pero como habría que subrayarlo todo, hemos desistido a ello. Así que, tomen nota todos los que dicen creer en las palabras de Pablo, pero que de una manera contraria a ellas cobran un salario por anunciar, según ellos, el evangelio de Cristo. Todos estos asalariados deberían acatar lo mandado por Pablo en 1 Corintios, capítulo 11, versículo 1, donde dice:
Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo
Para finalizar, queremos recordar algunas cosas de lo examinado por las Sagradas Escrituras, y que naturalmente corresponden a la verdad.

1- Qué, solamente en el primer pacto y dentro del pueblo israelita, Jehová Dios otorgó a los levitas una cuantía, en concreto el diezmo de sus hermanos, y esto en alimentos como remuneración a su servicio sagrado.

2- Qué, el servicio o sacerdocio levita, dejó de ser con la venida de nuestro Señor Jesucristo y con ello lógicamente su remuneración.

3- Qué, con la venida de Cristo, no solamente el orden sacerdotal levita dejó de tener continuidad, sino que también el pastoreo de las ovejas de Dios por parte del hombre. Después de Cristo, nunca debería de haber existido pastor alguno como lo tienen las religiones, sectas y sus denominaciones.

4- Qué, Cristo nuestro Dios, Maestro y Pastor, nos aseguró que nos libraría de todos estos asalariados, ladrones y salteadores. Pastores hombres de quienes NO son las ovejas, y a quienes nunca más les seríamos por comida.

5- Qué Jesús, NO ordenó a los que recibiesen a los apóstoles o discípulos que envió, a pagar una remuneración o salario por sus servicios, sino que fue a los discípulos a los que ordenó a que comiesen de todo lo que le pusieran por delante, que es muy distinto.

6- Qué, si realmente fueran obreros de Cristo aquellos que dicen serlo y cobran un salario, deberían acompañarles las señales que se detallan en Mateo y Lucas 10 o en Marcos 16, que Jesús les otorgó. Y no vale tomar una parte, en este caso el salario, y dejar o ocultar la otra, en este caso las señales que deberían acompañar a esos apóstoles o enviados. Así pues la misma Palabra los delata que son falsos ministros o apóstoles de Cristo.

7- Qué, en ningún momento Pablo contradice esto anteriormente expuesto, sino que todo lo contrario lo afirma y confirma. Exponiéndose el mismo como nuestro ejemplo a seguir, NO cobrando nada por predicar el evangelio de Cristo.

8- Qué, nadie debe ni puede mal usar las palabras de Pablo en contra de Dios, que dijo: Yo mismo iré a buscar mis ovejas… Yo apacentaré mis ovejas… Yo estoy contra los pastores…, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, Y NO LES SERÁN MÁS POR COMIDA. Esto se cumplió en Jesucristo, nuestro Buen Pastor, y entramos todos, no solamente los israelitas, sino que también los gentiles, es decir, todo su rebaño, que nunca más seríamos por comida a nadie por servir a Cristo.

9- Qué, el cobrar dinero a las ovejas, sea de la manera que sea para pagar a hombres por servir a Cristo, va en contra de Dios.


10- Qué, lo que se recaude de la Iglesia y por la Iglesia, ha de ser exclusivamente para la ayuda a los necesitados. NO para salarios de nadie; NO para hacer o reparar templos, seminarios o cualquier otro edificio; NO para promover la subsistencia de apóstoles, pastores, sacerdotes, obispos, elders, etc., porque como dice la Palabra de Dios:

Estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras
 (2 Corintios, 11:13-15).
Queremos dar gracias a Dios en la revelación de nuestro Señor Jesucristo, por habernos liberado a todos los que creemos en su Palabra, entre otras muchas cosas, de esos pastores o sacerdotes hombres que después de Cristo se han constituidos así mismos, bien a través de un seminario o directamente por medio de otros pastores hombres. De éstos que no paran de robar a las ovejas con salarios, diezmos, ofrendas, y de otras muchas maneras, enseñando para ello una palabra o evangelio adulterado, diferente del que enseñó Cristo y los apóstoles. Gracias Jesús por cumplirse tu Palabra en nosotros, porque como nos prometiste:
Conocimos la Verdad, y la Verdad nos hizo libre.
¡Bendito tu nombre para siempre!
¡¡¡Aconsejamos a los lectores, que para obtener una mayor compresión de lo que venimos diciendo, lean los escritos que están en esta página web titulados: La verdad sobre el diezmo, la verdad sobre la ofrenda y la verdad sobre los pastores!!!

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