lunes, 23 de enero de 2017

Religión o Cristo

En la primera visita que Jesucristo nos hizo a los hombres, hace aproximadamente dos mil años, para enseñarnos el camino de salvación, dando su vida por nosotros, nos aseguró que volvería a venir una vez más y entonces vendría el fin. Entre tantos testimonios que se encuentran en las Escrituras de esta gran verdad, vamos a citar este que dice:

Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también le dijeron: Varones galileos, ¿Por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hech.1-10 y 11).

El mismo Jesucristo da una aclaración de lo que acontecerá en aquellos días, profetizando:

Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán,… Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos,… Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. (Mateo 24)

Nunca como en estos últimos tiempos, se han levantado tantos falsos cristos y tantos falsos profetas. Las religiones o sectas son clarísimas muestras de ello. Cada una dice tener  al verdadero Cristo y tildan  a las demás de falsas. Jesucristo en ningún momento, en todo su testamento, nos enseñó que los hombres debiéramos crear, fundar o seguir a denominaciones, sectas o religiones, más bien todo lo contrario. Jesucristo vino a unir y las religiones nos dividen y confunden, cada una contiende celosamente diciendo: nosotros somos de la Iglesia Católica; y nosotros de la Evangélica; y nosotros de la adventista; y nosotros de los Testigos de Jehová. ¡Ya es hora que oigamos a Dios y nos apartemos de todo aquello que nos divide! La Palabra de Dios, nos dice:

“Os ruego, pues, hermanos. Por el nombre de nuestro Señor Jesucristo que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1ª Cor.1:10-13).

Más claro no se puede decir. Las religiones, sectas o denominaciones son pura confusión, teniendo doctrinas totalmente diferentes y contradictorias, no están unidas entre sí, ni tampoco en sí misma. Un ejemplo muy claro lo encontramos dentro de la iglesia Evangélica, dividida en sí misma en miles de denominaciones, como: los Bautistas, los Luteranos, los Amigos, los de Emanuel, los Nazarenos, los de Filadelfia, los Pentecostales…, y dentro de dichas denominaciones aún más dividida, por ejemplo: dentro de los Pentecostales se encuentran las Asambleas de Dios, Asambleas Cristianas de toda índole, Iglesia del Alfarero, del Mesías, del Príncipe de Paz, Evangelio Completo, de la Profecía Universal,  etc., y éstos, a su vez, con doctrinas totalmente opuestas. Verdaderamente lamentable y triste. Nada que ver con lo que nuestro Maestro nos mandó y enseñó.

No es de extrañar que el hombre esté muy confundido y haya perdido la fe. Las religiones llámese: Iglesia Católica Apostólica Romana, Iglesia Evangélica, Testigos de Jehová, Iglesia de los Santos de los últimos días (Mormones), adventistas del séptimo día, etc., no salvan; y  todos los que las apoyan y le siguen, conociendo esta gran verdad que venimos aclarando, darán cuenta a Dios del tropiezo que están siendo para que el ser humano conozca a Dios y le siga en espíritu y en verdad.

Jesús dijo:

 El que quiera  hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es  de  Dios, o si  yo hablo por mi propia cuenta. El que  habla por su  propia cuenta, su  propia  gloria busca; pero el que busca  la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en el injusticia (Jn.7:17-18).

Solo hay que tener el interés de conocer la verdad, anteponiéndola por supuesto a las religiones. Ir al testamento de Cristo e investigarlo y rápidamente nos daremos cuenta de que solo hay una verdad que es Cristo  nuestro Salvador y de que todas las religiones son falsas, engañándonos, adulterando la Palabra de Dios, buscando su propia gloria e interés.

Jesús dijo:

 Yo soy el Camino,  la Verdad, y la Vida (Jn.14:6).

¡No hay otro! Cuando Jesús se dirigió a las  sectas que se habían formado dentro del pueblo judío, como los saduceos, escribas o fariseos, les llamó hipócritas (Mat.23), dejándonos bien claro lo siguiente:

Jesús dijo: Mirad, guardaos de la levadura (doctrina) de los fariseos y de los saduceos (Mat.16:6).

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere más  allá de la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos (Mat.5:20).

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres  el Reino de los Cielos!  Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no le dejáis entrar. (Mat.23:13)

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! (Mat.23:15)

Esto quiere decir claramente que si somos como los escribas, saduceos o  fariseos (religiosos o sectarios), NO entraremos en el reino de los cielos. Las religiones, después de cautivarnos, nos perjudican y nos separan.

Jesús dijo: ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! (Mat.23:37).

Jesucristo vino a unirnos, a que fuésemos un solo pueblo, un solo cuerpo, una sola iglesia y que le pertenezcamos solo a Él. Si escudriñamos su testamento sin ningún concepto preconcebido e interés, más que el de conocer la verdad, Él nos la revelará, pues ellas son las que dan testimonio de Jesús (Jn.5:39) y entonces conoceremos la verdad que nos hará libres (Jn.8:32).

Jesús dijo: También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor (Jn.10:16)

Jesús hablando al Padre le pidió diciendo:

Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste  (Jn.17:20-21).

La verdadera iglesia de Cristo no debe, ni puede, estar separada ni dividida ¡no se deje engañar más por las religiones y sus profetas! Tome hoy mismo la decisión de salir de ellas y siga el único camino que es Cristo, donde nos encontraremos todos los que le amamos y, por consiguiente, le oímos y servimos. Jesucristo necesita a su iglesia, esto es, su cuerpo, para que el mundo crea que el Padre le envió. Si oímos al Maestro y le obedecemos, la iglesia verdadera es posible. Una iglesia en una localidad, aunque ésta se reúna en diferentes lugares a la vez, sin denominación alguna, más que lavada con la sangre de Cristo y en plena comunión unos con otros.

Asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo  podamos gloriarnos de que no hemos corrido en vano, ni en vano hayamos trabajado.(Fil.2:16).

No busquemos a Dios en religiones, pues Dios no es un Dios de confusión (1ªCor.14:33), ni colaboremos con ellas, pues el que esto hace participa de su pecado. Tampoco le busquemos en templos hechos por hombres,  que son los lugares preferidos, donde las religiones  reúnen  a las personas para esclavizarlas, sacarles dinero, engañándolas con textos bíblicos sin tener en cuenta el contexto o la suma de la Palabra que es la verdad.

La Palabra de Dios deja bien claro  que:

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas” (Hech.17:24).

¿Cómo podremos después de conocer todo esto, seguir formando parte de una religión, ignorando voluntariamente  la Palabra de Dios?

Podríamos citar textos y más textos, donde nuestro Señor nos manda la unidad, y está  totalmente en desacuerdo con  las religiones y sus profetas (sacerdotes, pastores,…).  Pero deseamos recordar  una vez más, esas palabras que pronunció nuestro queridísimo hermano Pablo, siendo inspirado por Dios, diciendo:

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.” “Os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.”(1ªCor.1:10 y Efes.4:1-6).


Jesucristo está cerca, ojalá oigamos la voz de Aquel que clama en el desierto: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. (Mat.3:2)

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