lunes, 23 de enero de 2017

LA VERDAD SOBRE EL TEMPLO

Dios le dijo a David por medio del profeta Natán:

Jehová te hace saber que Él (Dios), te hará casa. Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, (refiriéndose a Jesucristo) (Romanos 1: 3),el cual procederá de tus entrañas, (Mat 1) y afirmaré tu reino. Él, (Jesucristo) edificará casa a mi nombre (sus hijos e hijas), y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él Padre, y él me será a mi, Hijo. (2ª Samuel 7: 11 – 14).

Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo:

¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. (Mateo 24: 1, 2).

Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí. (Mateo 12: 6).

Más tarde, Jesucristo hablando con los judíos pronunció estas palabras tan significativas:

Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿Y tú en tres días lo levantarás?. Mas Él hablaba del templo de su cuerpo. (Juan 2: 19 – 21).

El Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor, ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas? (Hechos 7: 48 – 50).

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo, pues Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (Hechos 17: 24 – 25).

El escritor a los Hebreos deja claro que la casa de Dios en este tiempo de la gracia somos nosotros :

Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús; el cual es fiel al que le constituyó, como también lo fue Moisés en toda la casa de Dios. Porque de tanto mayor gloria que Moisés, es estimado digno este, cuanto tiene mayor honra que la casa, el que la hizo. Porque toda casa es hecha por alguno, pero el que hizo todas las cosas es Dios. Y Moisés a la verdad, fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir, pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros (sus hijos e hijas), si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza. (Hebreos 3: 1 – 6)

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, Santo es.”  (1ª  Cor  3: 16 – 17)

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  (1ª Corintios 6: 19).

Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo, por lo cual, salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré y seré para vosotros por Padre y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. (2ª Corintios 6: 16 – 18).

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio Santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. (1ª Pedro 2: 5).

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu (Efesios 2: 20 – 22).

Jesús hablando con la mujer de Samaria dijo: 

Creedme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  (Juan 4: 21 y 23).

Jesucristo, nuestro Maestro, nunca  mandó hacer templos. El dejó bien claro que es mayor que el templo, y que los verdaderos adoradores, ya no adorarían al Padre en Jerusalén, sino en Espíritu y Verdad (Mateo 12: 6; Juan 4: 21 y  23)

El único templo que Dios mandó construir fue el Templo de Jerusalén, y éste tendría un tiempo de caducidad, formaba parte del Primer Pacto, donde había ordenanzas de culto y un santuario terrenal. Pero ya presente Cristo, mediador de un Nuevo y mejor Pacto (Hebreos 7: 22), caducó el primero, librándonos de todos esos ritos, ceremonias y esclavitud de dichos cultos (Hebreos capítulos 8, 9 y 10).

Ningún siervo de Dios, ya sea Pablo, Pedro, Santiago, Juan o Judas Tadeo, etc… hicieron o mandaron hacer algún tipo de templo. Ellos entendieron perfectamente la enseñanza de Cristo. Sus reuniones las hacían principalmente por las casas, pero nunca en templos hechos por manos de hombres, ni celebrando cultos ceremoniales.

El que es de Dios, las palabras de Dios oye (Juan 8: 47).

La religión pura e intachable ante Dios Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo. (Santiago 1: 27)

Jesucristo nunca dijo que la Iglesia verdadera fuera la Católica Apostólica Romana, ni la Iglesia Evangélica, ni la Iglesia Anglicana, ni la Iglesia de los Santos de los Últimos días (Mormones), ni la de los Testigos de Jehová, etc, etc… Las religiones, sectas o denominaciones, lo que hacen es confundir, dividir, destruir… y además, cobran por sus servicios religiosos, ya sea a través de celebraciones, o imponiendo el diezmo, o por venta de libros, etc…

Jesucristo vino a unir y a dar sin pedir nada a cambio, esto es, GRATUITAMENTE

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Y conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres. (Juan 8: 32).

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