jueves, 26 de enero de 2017

La Verdad sobre el Ayuno

El ayuno como abstención de comer o beber alimentos durante un tiempo concreto, es una doctrina muy variable y contradictoria en las diversas sectas o religiones, que causa  conflictos y divisiones entre las personas, algo totalmente en contra de la voluntad de Dios. Dios nos llama a la unidad  y a que tengamos una misma fe y un mismo Espíritu. Como ocurre con todas las doctrinas o enseñanzas de Jesús, el ayuno no puede tener dos interpretaciones diferentes, quiero decir, o nuestro Maestro nos enseña que es un mandamiento, y, por lo tanto, debemos practicarlo, o que  no lo es, y, por consiguiente, nos libera de dicha práctica. Jesús mismo nos enseña que sea nuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, del mal procede (Mateo 5:37). En Jesús no hay  duda o incertidumbre, sino que en Él es: Si, sí o no, no. Lo que Dios no hace es decirle a unos que el ayuno, como otras muchas cosas, si es y a otros que no. Sin embargo esto es lo que encontramos en las religiones o sectas, todo un mar de confusiones cuando Dios deja bien claro que no es un Dios de confusión sino de paz (1ª Cor.14:33).

El ayuno en el Antiguo Pacto

Si investigamos en el antiguo pacto, antiguo testamento o primer pacto, veremos como en el  libro de Jueces capítulo 2,  versículo 26,  encontramos la práctica de tal ayuno. En este pasaje, vemos como el pueblo de Israel, desesperado por las derrotas que estaban sufriendo por parte de sus hermanos los hijos de Benjamín,  subieron a la casa de Dios y ayunaron aquel día hasta la noche. También ayunaban por la muerte de algún ser querido; por ejemplo, por la del rey Saúl  sus hijos ayunaron siete días (1ª Sam. 31:13). El rey David ayunó mientras su hijo estuvo enfermo, por si quizás Dios lo sanaría (2ª Sam. 12:15-23).  Esther pidió que todos los judíos ayunasen por ella sin comer ni beber durante tres días, noche y día por temor de poder perecer (Est .4:16).

Joel  1:14 dice: “Proclamad ayuno, convocad  a asamblea; congregad a los ancianos y a todos los moradores de la tierra en la casa de Jehová vuestro Dios, y clamad a Jehová.”

Joel 2:12 dice: “eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.”

Hay quienes hoy en día, usan estos textos del profeta Joel para justificar la práctica de dicho ayuno, diciendo que Dios lo mandó. Pero, sin en cambio, Jehová Dios habló a su pueblo a través del profeta Isaías diciendo:

“Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo rebelión, y a la casa de Jacob su pecado. Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiesen hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justo juicio y quieren acercarse a Dios ¿Por qué, dicen, ayunamos, y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a vuestros trabajadores. He aquí que para contiendas y debates ayunáis, y para herir con el puño inicuamente; no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto, ¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová? ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad´, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo? ¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? Entonces nacerá tu luz como el alba, y tu salvación se dejará ver pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Jehová será tu retaguardia. Entonces invocarás, y te oirá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí” (Isaías 58:1-9).

Claramente, el ayuno que Jehová escogió, no es el que el  hombre aflija su alma, que incline su cabeza como junco y haga cama de cilicio, o sea, lo que venían practicando los judíos, ¿No corresponde esto más o menos al ayuno que el hombre viene también  practicando hoy en día en las distintas sectas o religiones?

Si somos sinceros los que hemos practicado este ayuno absteniéndonos de comer y beber, sabemos que si lo es. Así que para no tener duda alguna, vamos a recordar cuál fue más bien el ayuno que Jehová Dios escogió para que lo practicase su pueblo, y es: 

Dejar la impiedad, las cargas de opresión, liberar a los quebrantados, romper todo yugo, partir el pan con el hambriento, que a los pobres albergues en casa, cubras al desnudo y no te escondas de tu hermano.

Como vemos no incluye en ningún momento el abstenernos de comer, de beber o de ambas cosas. Teniendo claro cuál fue el ayuno que Jehová Dios escogió en el antiguo testamento para con su pueblo, analizaremos qué es lo que nos enseña nuestro Maestro en el nuevo testamento, que, como todos sabemos, es bajo el que nos corresponde vivir en estos postreros tiempos. Me veo obligado a recordar, que si alguno cree u opina que el ayuno (abstención de comer y beber) bajo el viejo pacto fue un mandamiento de Jehová Dios y se ha de seguir practicando todavía, debe saber que si aún (como supuesto) esto fuere cierto que Jehová Dios lo mandó, ahora bajo el nuevo pacto, somos llamados a seguir el ejemplo y mandato de nuestro Señor Jesucristo, sabiendo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2ª Cor.5:17), siendo Jesucristo mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas (Hebreos 8:6). ¿Qué es lo que nos enseña el Maestro y por lo tanto lo que debemos practicar en cuanto al ayuno?

El Ayuno en el Nuevo Pacto

La primera aparición del ayuno en el nuevo testamento, se encuentra en el evangelio de Mateo capítulo 4, versículos 1-3. Aquí se nos narra como Jesús ayunó cuarenta días y cuarenta noches antes de ser tentado por el diablo.

Jesús ayunó, es cierto, pero no es menos cierto que este ayuno no fue debido a la continuidad del cumplimiento de un ayuno que el Padre hubiese mandado, como podemos y hemos acabado de ver bajo el antiguo pacto o testamento. Jesús ayunó y con ello nos estaba dando testimonio de que Él es Dios, pues solo y únicamente Dios es capaz de ayunar sin comer, cuarenta días y cuarenta noches y seguidamente para darnos ejemplo y enseñarnos, que por mucha hambre u otro tipo de necesidad que podamos tener en un momento de nuestras vidas y venga la tentación, no nos rindamos y cedamos al engaño del tentador,  obedeciéndole y cayendo en el pecado, pues como en este caso concreto, escrito está: 

No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mat.4:4).

Nadie debe justificar la práctica del ayuno que Jehová Dios no escogió, con este ayuno que nuestro Maestro llevó a cabo en este pasaje que acabamos de ver. Un poco más adelante en el capítulo 6 de este mismo evangelio en los versículos 16, 17 y 18,   Jesús enseñando a los judíos dice que:

Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.”

Jesús enseñando al pueblo de Israel,  acostumbrado a la práctica de ese ayuno que Jehová no había escogido, afligiendo su alma, inclinando su cabeza como junco y haciendo cama de cilicio y de ceniza (no comiendo ni bebiendo), dentro de los cuales se encontraban los hipócritas, que además de esto, demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan y para ser vistos por ellos.

En este capítulo 6, lo que Jesús estaba enseñando a los que ayunaban (estos todavía bajo el antiguo testamento) a no ser austeros como esos hipócritas, haciendo las cosas para ser vistos por los hombres. Ya sea haciendo justicia, dando limosnas, orando, ayunando, etc., etc. En este capítulo Jesucristo no estaba enseñando que tuviésemos que ayunar, sino reprendiendo a los hipócritas y enseñando a no ser como ellos (ver también Mateo cap. 23).

Hemos de aclarar que en algunas versiones como por ejemplo la Reina Valera, en el evangelio de Mateo capítulo 17, se añadió por causas que desconocemos el versículo 21 que dice: Pero este género no sale sino con oración y ayuno. Sin en cambio, este versículo no aparece en el texto original griego. Algo similar ocurre con el evangelio de Marcos capítulo 9 versículo 29, donde se añadió la palabra ayuno cuando el texto original dice: “Este género con nada puede salir, sino con oración.” La palabra ayuno no se menciona para nada. Por consiguiente, usar estos dos textos, como la mayoría de los que practican el ayuno hacen,  para enseñar que Jesús lo mando está totalmente fuera de la verdad y no corresponde al Espíritu de Cristo.

En el evangelio de Lucas 2:36-38, se nos cuenta de cómo Ana, profetiza, hija de Fanuel, no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de día con ayunos y oraciones. Esto no nos debe llamar la atención, pues como judía que era practicaba dicho ayuno.

En Lucas capítulo 5 versículos 33 al 35, lo escribas y fariseos le preguntaron a nuestro Señor Jesucristo diciéndole: 

¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces y hacen oraciones, y así mismo los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben? Él les dijo: ¿Podéis acaso hacer  que los que están de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces en aquellos ayunarán (ver también Marcos 2:18-20).

Jesucristo nos dice con toda claridad que los que están de bodas  no ayunan, sino que comen y beben entre tanto que el esposo está con ellos. En el testamento que el esposo nos dejó (nuevo testamento), nos recuerda una y otra vez, que Él sigue con, y en nosotros, por consiguiente si el esposo (Jesús) está con nosotros, el ayunar no tiene mucho sentido, al menos para los que creemos y estamos convencidos de que Él sigue con nosotros.

Unas de las cosas que nos mandó Jesús, nuestro Maestro, es que enseñásemos a los demás que Él (esposo) está con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mat.28:20).

Jesús dijo antes de ser crucificado y morir en la cruz:

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:18 y 23).

Jesucristo nos promete una común unión continua con Él, por ejemplo en Juan 12:26 nos dice:

Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor”.

Volviendo al evangelio de Lucas capítulo 5 versículo 35 nos dice:

“Mas vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces en aquellos días ayunarán”.

Aquí Jesucristo anuncia que vendrían unos días en los cuales sus discípulos ayunarían porque Él (esposo) no estaría. La pregunta indiscutible es ¿Cuándo ocurrió esto? La respuesta es muy sencilla, los únicos días que los discípulos de Jesús estuvieron solos fue desde que Jesús fue recibido arriba en los cielos, hasta la venida del Espíritu Santo, concretamente en pentecostés. En el capitulo 1 versículos del 12 al 14 del libro de Hechos de los Apóstoles se nos dice que después de que fuese recibido en el cielo, los discípulos entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén camino de un día de reposo. Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo. Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Si bien, el texto lo que nos dice es que perseveraban en oración y ruego. Se sobre entiende que este es el ayuno al que Jesús se estaba refiriendo, ya que, por pura lógica, cuando se está unidos en oración y ruego se está ayunando. Ahora bien, se debe entender este ayuno como algo concreto durante unos días por la ausencia del esposo, no teniendo nada que ver con el ayuno que los judíos venían practicando, y esto hasta que recibiesen al Espíritu Santo, esto es, la promesa del Consolador que estaban esperando. El esposo sigue con y en nosotros solo que en una forma diferente, no en carne sino en Espíritu Santo. Dios es Espíritu (Juan 4:24), ¿Santo? Evidentemente Dios es el Espíritu Santo, el Consolador, Emanuel, esto es, Dios con nosotros, el Señor Jesús. Nada más hay que examinar el evangelio de Juan capítulo 14 y veremos claramente como Dios el Padre, Jesucristo el Hijo,  el Espíritu Santo, Espíritu de Verdad o Consolador es el mismo y único Dios verdadero.

Volviendo de nuevo al evangelio de Lucas capítulo 5 versículos del 36-39, Jesús les dijo también una parábola en relación a lo que les venía enseñando diciendo:

Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo y lo pone en un vestido viejo; pues si lo hace, no solamente rompe el nuevo, sino que el remiendo sacado de él no armoniza con el viejo. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo romperá los odres y se derramará, y los odres se perderán. Mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conservan. Y ninguno que beba del añejo quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor.”

Esta parábola nos la dijo Jesús para enseñarnos que, de la misma manera que no se pone un pedazo de vestido nuevo en uno viejo, tampoco el nuevo pacto puede mezclarse con el viejo pacto, y como no se echa vino nuevo en odres viejos, tampoco la Gracia que trajo Jesús es compatible con el hombre viejo. El ayuno que tanto los escribas, fariseos, como los discípulos de Juan venían practicando, formaba parte de esos vestidos u odres viejos, pero que, una vez llegado Cristo con ese vino nuevo anunciado por la ley y los profetas, dejaría de tener vigor.

Esto es prácticamente todo (pero más que suficiente) lo que podemos ver en los evangelios acerca del ayuno. Seguidamente pasaremos a analizar en el libro de Hechos de los Apóstoles, aquellos  acontecimientos donde se ayunó, como son:

Hechos 10:30 – Cornelio estaba en ayuno y mientras oraba se le apareció un varón con vestido resplandeciente. 

Hechos 13:2 y 3 – Los ministros de la iglesia en Antioquía se encontraban ayunando y orando cuando les habló el Espíritu Santo.

Hechos 14:23 – Pablo y Bernabé junto con la iglesia oraron con ayunos.

Hechos 27:9 – …por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba.

Hechos 27:33 – Pablo exhortaba a todos a que comiesen, pues llevaban catorce días velando y en ayunas.

En el libro de Hechos de los Apóstoles se nos narra, como todos sabemos, cosas que acontecieron  después de que Jesús subiese a los cielos. En este libro se percibe perfectamente esa transición de la ley a la Gracia con todas sus luchas, oposiciones, aflicciones y sufrimientos. El que durante este periodo de tiempo se ayunase, circuncidasen, bautizasen en agua, se abstuviesen de sangre, se rapasen la cabeza, guardasen voto, guardasen las fiestas judías etc., etc.,  no nos debe de extrañar ya que es un proceso natural dentro de ese cambio paulatino, de la ley a la gracia. Lo importante delante Dios no es el comer o dejar de comer y beber alimentos sólidos, sino el comer y beber del alimento espiritual.  


De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida (Juan 6:53-55)”.

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